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Crónicas

El año que lo perdí todo

El año que lo perdí todo y el inicio del cambio

Se dice que “hay que caerse para levantarse más fuerte”.

El 2014 empezó mal y acabó peor. Me despedí de una empresa que no me pagaba desde hacía 4 meses. Aguanté para poder recibir el paro completo que acabó en septiembre de ese mismo año. Hasta entonces, hice un curso del INEM de 500 horas (que resultó estar mal planteado y organizado, aburrido, disperso y para mí, repetitivo) y al mismo tiempo, aprovechaba para trabajar en mi imagen corporativa e intentar conseguir clientes trabajando de freelance. Alguno salió pero sin contactos en Madrid, es complicado. Por supuesto, echaba curriculums cada día para trabajar por cuenta ajena, sin resultado. En abril, mi novio me dejó.

Cuando se me acabó el paro, la idea era ya sólo una: o consigues trabajo antes de Navidad o vuelves a casa con mamá. El dar pasos para atrás no me gustaba nada y no encontrar trabajo me agobiaba mucho. En un ataque de locura, o no, decidí que si a mi amiga y ex compañera de piso Elena, que estaba por aquel entonces trabajando en Ecuador, le venía bien, me iba a hacerle una visita con mis ahorros en octubre. Así lo hice y ya que estaba, en la escala de vuelta en Atlanta, como tenía 9 horas me hice una mini excursión genial.

Ecuador-Puyo

No sé si fue el monzón, la selva o la fruta, pero volví renovada. Todo estaba igual por supuesto, pero mi ánimo no. Ya no estaba tan negativa, veía otras opciones y el agobio estaba pero se había convertido en motivación. Me puse de nuevo en marcha y entre otras acciones volví a mandar mensajes a mis amigos y conocidos por si sabían de algún trabajo. Poco después, Rafa, antiguo compañero de trabajo y amigo, me dijo que en su empresa buscaban un diseñador gráfico. Contacté con ellos, les dí mi curriculum y pasé las pruebas de selección. Llevo trabajando allí desde 2015 y ¡me encanta lo que hago!

Feed_Autentia

El amor aún no lo he encontrado pero estar soltera no me impide viajar. Desde entonces he visitado la Bretaña francesa, Cuba, Vietnam, Andorra, Austria, Chipre, Rusia y he pisado Beijing y Zürich. Además, no he dejado de conocer un poco más mi país: Teruel, Arenas de San Pedro, Patones, La Pedriza, El Paular, El Saler, oeste de Asturias y muchos lugares más.

Descubrí que un viaje además de todo lo que aporta a nivel personal, puede ser terapéutico. De cada viaje y cada escapada, vuelvo como nueva y si me lo pide el cuerpo y/o la mente, más.

Tags : cambio de mentalidadtrabajarviajar

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